4 de abril de 2026

Mario y Evo, vidas entrecruzadas

El expresidente y el exgobernador cruzaron sus vidas en varios momentos decisivos, y también han compartido frustraciones

Evo Morales nació en 1959 y Mario Cossío en 1960. Por los pelos. Llegaron a la política a mediados de los 80, uno desde la vida sindical, el otro por intermedio de la Universidad y el Comité Cívico. Uno por algo así como la supervivencia, el otro como tradición familiar.

Morales, desde el Trópico, se convirtió en la marca del nuevo movimiento indigenista pro Foro de Sao Paolo que necesitaba sacar el eje de La Paz; Cossío era una figura emergente dentro del nuevo MNR, que dejaba atrás la Revolución Nacional y abrazaba el neoliberalismo de la escuela de Chicago.

El primero que pudo ser presidente fue Mario Cossío, que muy joven, que en aquella turbulenta legislatura iniciada en 2002 ocupó la presidencia de diputados. Hay algo de mito por ahí, pero la cosa es que tras la renuncia de Carlos Mesa asediado por el MAS, Hormando Vaca Díez, presidente del Senado, dejó la manija al presidente de TSJ Eduardo Rodríguez Veltzé.

Cossío replegó velas, volvió a Tarija y encabezó una nueva coalición, Camino Democrático al Cambio, que le ganó la Prefectura (primera vez que se elegía democráticamente) ni más ni menos que a Jaime Paz. Era 2005. Evo Morales ganó las elecciones y se convirtió en el “primer presidente indígena”.

Desde la Prefectura Cossío lideró la resistencia – incluso por encima de los líderes cruceños – al MAS, cuya victoria arrolladora auguraba un cambio profundo en las estructuras del Estado. No es posible calcular cuanto se conocían el uno al otro, pero desde luego no se tenían ningún afecto.

El MAS arrancó el rodillo para impulsar la nueva Constitución Política del Estado con ambición de revolución; Tarija, Santa Cruz, Pando y Beni (y por momentos – pocos – Cochabamba y Chuquisaca) articularon el Consejo Nacional Departamental (CONADE) para dirigir la oposición y ofrecer alternativas: El Estado Autonómico.

 La plata brotaba de Tarija.

Cossío y Evo pasaron el revocatorio, integraron la propuesta autonómica en la nueva Constitución y activaron su modo reelección. Morales se quedó hasta 2019; Cossío se fue al Paraguay seis meses después de ser electo asediado por escándalos de corrupción y tres artículos de la Ley Marco de Autonomías que le permitían a la Asamblea suspender funciones a simple acusación fiscal.

Cualquiera hubiera dicho que aquella relación extraña se acababa para siempre poniendo tierra de por medio. Pero no.

En 2019 Evo Morales renunció a la presidencia y se fue a México asediado por las protestas ciudadanas: la elección en la que no debía participar por el resultado del referéndum, además, había quedado en entredicho.

Cossío retornó a Bolivia y no tardó en acercarse a la vida política. Se abrazó con Luis Fernando Camacho, por entonces héroe “pitita” y se inscribió como aspirante a senador.

También Morales.

El Tribunal Supremo Electoral falló que ni Morales ni Cossío cumplían con los dos años de residencia continuada en el país al haber salido a buscar refugio.  Los dos se quedaron fuera. En la contienda legal posterior se sentó jurisprudencia: el refugio político permitía eludir la disposición constitucional, pues obviamente no vivir en el país era contra la voluntad propia. La cosa era inhabilitar a Evo y Mario volvió a ser víctima colateral. Manfred Reyes Villa fue después alcalde y lo del refugio se normalizó. Hasta hoy.

Ni el TSE ni el TCP aciertan a valorar el dónde vivía realmente Cossío para dejarlo fuera de las elecciones subnacionales. Más o menos como a Evo, que se le cerraron todos los caminos para obtener una sigla en las elecciones de agosto de 2025 y no le quedó más remedio que pedir el voto nulo. Evo y Mario esta vez en la misma acera cargando contra el Tribunal.

Nadie puede decir a ciencia cierta si este ha sido el último baile. Lo raro es que uno y otro acaben pegados.

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